Se acercaron y me preguntaron si quería dar una vuelta, desanimado les dije que no, pero insistieron, después de todo ¿Qué me iba a hacer una vuelta sobre un caballo famélico y su compañero? Así partimos. Vi alegría, vi frustración, vi odio y devoción, pero nunca pude apartar la mirada de aquello que siempre me llamo más la atención. Vos, siempre atada al poste más alto de mi ciudad, acaparando toda la atención. Claro que vos no tenías ni idea, tanto tiempo con los ojos vendados te habían dejado casi ciega, sólo podías escuchar, pero nunca fue tu mejor cualidad.
¿Qué vamos a hacer ahora que ninguno de los dos comprende lo que sucede? Yo volví a intentar mirar a mi alrededor, busco ese rincón donde te dejaron, me pregunto que pasara si lo encuentro, y vuelvo a darme la cabeza contra la pared cada vez que me doy cuenta que realmente te gusta estar ahí.





